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Venir solo o en familia

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Si visitas el Santuario del Padre Hurtado solo o con tu familia, te ofrecemos recorrer diversos lugares de interés. También puedes realizar una autoperegrinación que te llevará por los diversos lugares del Santuario.

 

Autoperegrinación

Estación: Entrada del Santuario

“¿No sentíamos arder nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino...?” (Lc 24, 32)

Estación: Entrada del SantuarioEstoy en la entrada del Santuario del Padre Hurtado, y al comenzar mi visita como peregrino me voy haciendo consciente de estar en este lugar mirando mi propia vida como un peregrinar que me lleva hacia Dios, tal como hoy vengo a su encuentro.

Acojo este momento como un llamado a mirar mi interior e ir descubriendo y reconociendo el paso de Dios por mi vida. En mi caminar descubro cómo Dios se ha hecho presente en mis propias acciones y en mi relación con otros: familiares, amigos, con mi prójimo, con el que sufre y ha necesitado de mi ayuda y compañía….

Me relajo…respiro profundamente…en silencio cierro los ojos y me pongo en presencia del Señor a través de la Señal de la Cruz…

Oración inicial

Dios de las cosas creadas, que con amor infundes tu espíritu en toda la creación, me pongo en tu presencia para que en este lugar de oración dentro del Santuario del Padre Hurtado me concedas la gracia de la luz interior que me ayude a descubrir la presencia de tu Hijo en mi vida, en mi corazón y en la vida de otros. Amén.

Lectura:    Salmo 23, 1-6

El Señor es mi pastor, nada me falta. En verdes praderas me hace reposar, me conduce a fuentes tranquilas y recrea mis fuerzas.Me guía el sendero adecuado, haciendo gala su oficio. Aunque camine por lúgubres cañadas, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu bastón me defienden. Preparas para mí una mesa en presencia de mis enemigos; me unges con perfume la cabeza y mi copa rebosa. ¡La bondad y el amor me escoltan todos los días de mi vida! Y habitaré en la Casa del Señor, a lo largo de mis días.

Mirando a Jesús en cruz acojo lo que más me haya resonado de este texto,  sintiéndome conducido por el Señor en mi camino de vida voy reconociendo a lo que me siento invitado por él (mayor generosidad, liberarme de prejuicios, aumentar mi compromiso con mi prójimo, etc.).

Doy gracias al Señor por este momento rezando con un Padre Nuestro.

El Padre Hurtado nos dice:

“Solo nosotros podemos dar a los hombres, nuestros hermanos, la fe que tanto necesitan. Dárselas no con palabras, no con prácticas superficiales, sino con ese sentido de lo divino que llene nuestras vidas, con esa visión de eternidad que guíe nuestros actos, con el sentimiento de la presencia de Dios que da solemnidad a todas nuestras acciones”.

Oración final: “Tú, mi Dios”

Tú, mi Dios,
eres luz, amor
por favor, alumbra mi oscuridad
y guíame hacia la esperanza.
Oscuridad es mi noche
te siento muy lejos de mí.

Pero, quiero seguir creyendo
que tu fuerza está en mí.
Cuento con tu luz y tu amor
para cada paso que debo dar
para cada paso: uno por uno
y nada más.



Estación: Tumba de San Alberto Hurtado

El sentido de la vida no es otro que buscar a Dios...

Estación: Tumba de San Alberto HurtadoFrente a la tumba de San Alberto Hurtado me voy dando cuenta de los signos de vida que también me rodean: el agua, la luz, las personas, la imagen del Padre Hurtado que sale al encuentro… me hago consciente de mi propia existencia como regalo que Dios me ha concedido, pero que también tendrá un fin, el que me llevará de regreso al Padre para gozar de la Vida Eterna.

Voy tomando consciencia de la presencia de Dios Padre y de San Alberto Hurtado… respiro profundamente… en silencio cierro los ojos y me pongo en presencia a través de la Señal de la Cruz…

Oración inicial

Señor Jesús, tú que viviste el sufrimiento y dolor de la muerte en cruz, te pido la gracia de poder aceptar mis propias cruces y acogerlas con amor, humildad y fortaleza para que pueda aprender a acompañar a llevar las cruces de otros, para que muriendo a mi egoísmo pueda resucitar junto a mi prójimo el amor y generosidad.

Lectura

Jn 20, 1-10
“El primer día de la semana, muy temprano, cuando  todavía estaba oscuro, María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro. Llega corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que era muy amigo de Jesús y les dice: "Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto." Salió Pedro con el otro discípulo, y se dirigieron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro. Inclinándose vio las sábanas en el suelo, pero no entró. Después llegó Simón Pedro, que le seguía y entró en el sepulcro. Observó las sabanas en el suelo y el sudario que le había envuelto la cabeza no en el suelo con las sábanas, sino enrollado en lugar aparte. Entonces entró el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó. Todavía no habían entendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos. Los discípulos se volvieron a casa”.

2 Corintios 4, 16-18
"Por eso no nos desanimamos. Al contrario, mientras nuestro exterior se va destruyendo, nuestro hombre interior se va renovando día a día. La prueba ligera y que pronto pasa, nos prepara para la eternidad una riqueza de gloria tan grande que no se puede comparar. Nosotros, pues, no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo invisible, ya que las cosas visibles duran un momento y las invisibles son para siempre".

Voy acogiendo este texto…y voy adquiriendo conciencia de los signos de vida que me rodean… sintiendo como el Señor me invita a vivir la vida propia y junto a la de otros…

Doy gracias al Señor por este momento rezando con un Padre Nuestro.

El Padre Hurtado nos dice:

“El concepto cristiano de la muerte es inmensamente más rico y consolador: la muerte para el cristiano es el momento de hallar a Dios, a Dios que ha buscado durante toda su vida”.

Oración final: La muerte es ganancia para mí (J.Folliet)

Creo, Señor, que al final del camino
no  habrá más camino,
¡sino el término de una peregrinación!
Creo, Señor, que al final de la ascensión,
no habrá más ascensión,
¡sino la cumbre!
Creo, Señor, que al final de la noche,
no habrá más noche,
¡sino la aurora!
Creo, Señor, que al final del invierno,
no habrá más invierno
¡sino la primavera!

Creo, Señor, que al final de la desesperanza
no habrá más desesperación,
¡sino la esperanza!
Creo, Señor, que al final de la espera,
no habrá más espera.
¡sino el encuentro!
Creo, Señor, que al final de la muerte,
no habrá más muerte,
¡sino la Vida!



Estación: Capilla San Ignacio de Loyola

"Yo soy el pan de vida. El que venga a Mí, no tendrá hambre, el que crea en Mí, no tendrá nunca sed". (Jn. 6, 35)

Estación: Capilla San Ignacio de LoyolaJesús nos invita a mirarle a Él y a acoger el llamado a dejarnos compartir: a ser pan para otros. Tenemos la misión como cristianos de compartir y caminar juntos, no estamos hechos para el egoísmo, sino que para poner nuestras vidas en común. La Eucaristía nos recuerda como Jesús siendo humano y siendo divino baja hacia nosotros y se transforma en alimento espiritual para formar junto a nosotros un solo cuerpo… acto que a imitación estamos llamados a seguir y a continuar haciéndolo junto a mi prójimo, con mis defectos, con los suyos, con mis virtudes y las de todos, es dejarnos vivir junto a otros desde lo que somos, pues nuestro Padre nos ha creado en completo, por tanto no podemos dejar nada fuera de nosotros.

Oración inicial

Jesús, te pido que puedas concederme la gracia de liberarme de mis egoísmos, de mis vanidades y de todo aquello que me ata a mirarme solo a mí y que me imposibilita mirar a mi prójimo. Ayúdame a no caer en individualismos y a preferir siempre compartir e ir en ayuda de otros. Que aprenda a ser “alimento” para otros en este camino de búsqueda hacia nuestro Padre Dios, para que podamos dejarnos sentir conducido por tu ejemplo y enseñanza.

Lectura: Lc 22, 14-19

“Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles y les dijo: —Cuánto he deseado comer con ustedes esta Pascua antes de mi pasión. Les aseguro que no volveré a comerla hasta que alcance su cumplimiento en el reino de Dios. Y tomando la copa, dio gracias y dijo: —Tomen y compártanla entre ustedes. Les digo que en adelante no beberé del fruto de la vid hasta que no llegue el reino de Dios. Tomando pan, dio gracias, lo partió y se lo dio diciendo: —Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”.

Acojo este texto…voy sintiendo como Jesús me habla, reviviendo la Ultima Cena  Él nos señala “Esto es mi cuerpo…”aceptamos su cuerpo como alimento.

Pidamos a Jesús que nos entregue su fuerza y voluntad para aceptar este deseo de acoger este mensaje, de dejarnos renovar por Cristo y de ser mejores hijos de Dios y mejores hermanos con nuestro prójimo.

Doy gracias al Señor por este momento rezando con un Padre Nuestro.

El Padre hurtado nos dice:

“Después de la comunión quedar fieles a la gran transformación que se ha apoderado de nosotros. Vivir nuestro día como Cristo, ser Cristo para nosotros y para los demás. Eso es comulgar.”

Oración final

Alma de Cristo
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, purifícame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh buen Jesús, óyeme!
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame
y mándame ir a Ti,
para que con tus Santos te alabe
por los siglos de los siglos. Amén.




Estación: Altar Mayor

En el principio de todo está Dios

Estación: Altar MayorDios interviene en nuestras vidas como protagonista de cada una de nuestras historias. Él aparece de manera misteriosa y su presencia se “cuela” en medio y a través de nosotros en su gran obra: la creación: Todo cuanto ha sido creado es la expresión de su infinito amor, que ha dispuesto seres vivos, plantas, aire, hombre y mujer para gozar de este gran regalo dado a sus hijos, signo de bondad y bendición.

En este lugar miro a mi alrededor y estando dentro de este Santuario puedo contemplar la maravilla de la creación… tomo aire, respiro y siento como se interna en mí lo creado… miro el verde de la Explanada, los árboles de los jardines, las personas que también visitan este lugar… todo es parte del producto de su mano creadora y bondadosa.

Oración inicial

Señor y Dios de lo creado, que tu luz nos permita identificar y admirar tu presencia, invitación que podamos acoger para vivir el mundo y la vida como don recibido de ti, de quien todo procede.

Lectura: Salmo 104, 24-35

¡Cuántas son tus obras, Señor,
todas las hiciste con sabiduría:
la tierra está llena de tus criaturas!
Ahí está el mar: ancho y dilatado,
en él bullen, sin número,
animales pequeños y grandes;
todos ellos aguardan
a que les des comida a su tiempo;
Se la das y la atrapan,
abres tu mano y se sacian de bienes;
Si escondes tu rostro y se espantan,
les retiras el aliento y expiran,
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento y los creas
y renuevas la faz de la tierra.
Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras,
cuando Él mira la tierra, ella tiembla,
cuando toca los montes humean;
cantaré al Señor mientras viva,
tocaré para mi Dios mientras exista;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor.
¡Bendice, alma mía, al Señor!

Tomo este texto y voy sintiendo como Dios me habla mostrándome su infinito amor, sé que Él me conoce y soy parte de todo lo creado.

Pido al Señor que me ayude a tener un corazón más generoso y solidario que sea signo de compartir la vida dada por Dios junto a mi prójimo.

Doy gracias al Señor por este momento rezando con un Padre Nuestro.

El Padre Hurtado nos dice:

“Yo sé que Dios es belleza. Toda la belleza del universo arranca de Él como de su fuente: las flores, los campos, los cielos son bellos porque, como decía San Juan de la Cruz, “pasó por estos sitios sus gracias derramando y con sólo mirarlos, vestidos los dejó de su hermosura”. Y los montes austeros; y el mar que rompe; y la noche estrellada...”.

Oración Final: Estás en todas partes (H. Oosterhuis)

Estás en todas partes,
invisible,
cercano y elocuente;
el silencio te espera;
hay hombres que te ven
y viven en ti.
Hombres de carne,
hechos de luz y de piedra,
rocas y sangre,
crecidas oleadas inagotables
de hombres,
tu pueblo  y tu ciudad
aquí en la tierra.
Agradecemos ésta, tu presencia, oculta y vulnerable,
fiel y efectiva.
Creemos en ella y vivimos
en ti,
como vivimos de nuestro pan,
como anhelamos ávidamente
el don de la paz.

 

 

Estación: Sector de la Virgen

“...Mi alma canta la grandeza del Señor…” (Lc 1, 46)

Estación: Sector de la VirgenDios, a través de la sencillez se hace presente en nuestra humanidad y toma a María, quien acepta ser madre del Salvador. María ejemplo de obediencia, y humildad que acoge la voluntad de Dios para que se haga según su palabra.

Tomamos conciencia en este lugar del encuentro con Dios vivo y presente en la persona de la madre de Jesús, en quien Dios Padre se hace presente como amor de madre, que acoge y abre las puertas del corazón para enseñarnos como acoger a Jesús en nuestras vidas a imitación de ella: con la misma sencillez, humildad y aceptando la voluntad del Padre.

Oración inicial

Virgen María, por tu intercesión pedimos que nos pongas frente al Padre para que aprendamos a abrir nuestro corazón para acoger a Jesús, fruto bendito de tu vientre,  y podamos dar testimonio de su nombre en nuestra sociedad.

Lectura: Lc 1, 26-38

“El sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen prometida a un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María. Entró el ángel a donde estaba ella y le dijo: -Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Al oírlo, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué clase de saludo era aquél. El ángel le dijo: -No temas, María, que gozas del favor de Dios. Mira, concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús.  Será grande, llevará el título de Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre,  para que reine sobre la Casa de Jacob por siempre y su reino no tenga fin. María respondió al ángel: -¿Cómo sucederá eso si no convivo con un hombre? El ángel le respondió: -El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el consagrado que nazca llevará el título de Hijo de Dios. Mira, también tu pariente Isabel ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses. Pues nada es imposible para Dios. Respondió María: -Yo soy la esclava del Señor: que se cumpla en mí tu palabra. El ángel la dejó y se fue”.

Acojo este texto evangélico dentro de mí como signo de sentirme hijo de Dios, al igual que María, como una invitación a dejar de lado mis egoísmos, mis autosuficiencias y aprender en humildad a aceptar la voluntad de Dios.

Doy gracias a Dios por este momento rezando a nuestra Madre, la Virgen María, un Ave María.

El Padre Hurtado nos dice:

"María, desde que concibió a Jesús, no vive Ella sino Jesús. La santa voluntad de Dios, es el cojín donde reposa su corazón".

Oración final: Letanía a María llena de fe

María que le dices: "sí" a Dios,
Ruega por nosotros
María que cree en el Dios de los pobres,
Ruega por nosotros
María  que cree en el Dios de los hambrientos de justicia,
Ruega por nosotros
María que cree en el Dios de los limpios de corazón,
Ruega por nosotros
María que cree en el Dios de los que saben perdonar,
Ruega por nosotros
María que cree en el Dios de los que hacen la paz,
Ruega por nosotros
María que cree en el Dios de los que son perseguidos por causa de la justicia
Ruega por nosotros

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  • Misas
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martes a domingo de 9:30 a 19:30 horas.
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